Santiago del Estero: Recorrió 50 km por un camino rural para rendir una materia.
- Fernando Coronel

- 22 sept 2020
- 4 Min. de lectura
HISTORIAS DE COVID

Sol. Alumna de 2º año de Ciencias Económicas de la UNSE. (Foto: Periódico Sur Santiagueño)
Se llama Sol, vive en Los Telares, una pequeña población de Santiago del Estero y un día será Contadora Pública Nacional de la historica Facultad de Humanidades, Ciencias Sociales y de la Salud de la UNSE. Acaso cuando pasen muchos años, tendrá para contarles a sus nietos que en 2020 una pandemia azotó al mundo, que su pueblo no escapó de esa calamidad y que un día los diarios hablaron de ella. La historia es simple, pero el mensaje es claro: hay esperanzas, sueños, ilusiones, en medio de un clima de desánimo generalizado que los medios amplifican hasta el cansancio.
Cuando comenzó la pandemia, la UNSE estableció un protocolo para que sus alumnos puedan rendir a distancia. No es una novedad, ya que casi todas las casas de estudios lo hicieron en la Argentina; pero es necesario entender que eso no significa lo mismo para alguien que vive en Palermo Soho que en un poblado que no supera los 3 mil habitantes, enclavado en medio del monte santiagueño (ese monte bajo y espeso, arisco)... Los Telares está ubicado en el sur santiagueño, a unos 170 kilómetros de la ciudad capital, a la vera de la ruta provincial 1 (de tierra) y surgió en la década de los 30 gracias al impulso de los ferrocarriles. Famoso por el trabajo de las teleras, artesanas que conjugan el oficio del entramado con la alquimia de los colores naturales, no cuenta con demasiados avances tecnológicos y las empresas que brindan el servicio de internet se muestran más interesadas por las ciudades donde obtienen pingües ganancias que por estas poblaciones. Así las cosas, en Los Telares no es fácil establecer una buena conexión ni siquiera para sostener una conversación telefónica fluida. El protocolo de la UNSE es estricto en ese sentido: para que un alumno pueda rendir a distancia es necesario que tanto el alumno como el docente puedan oirse y verse claramente. Con un servicio de internet de esas características, las posibilidades de Sol para rendir "Administración I" eran muy pocas y, de hecho, en el intento que hicieron fue absolutamente imposible llevar adelante el exámen. Sol escribía, pero sus docentes no podían verla. Incluso, un profesor intentó llamarla desde su teléfono, pero no pudo establecer conexión. Así las cosas, los profesores decidieron darle una nueva chance para que rindiera la materia y fijaron nueva fecha. Y allí es donde comenzó el segundo capítulo de la historia.
Lejos de bajar los brazos, la joven decidió partir rumbo a Medellín, otra pequeña localidad del centro de la provincia, distante a unos 50 kilómetros de Los Telares, pero con mejor señal de internet. Medellín es la cuarta población más antigua de la República Argentina, pero tiene sólo unos 600 habitantes. Está ubicada en el departamento Atamisqui, a unos 120 kilómetros de la capital provincial, en medio de la zona más montuosa de Santiago del Estero. No tiene mucho más que una posta sanitaria, una comisaría, una capilla y una vieja estación del ramal que unía Córdoba con Forres. Pero tiene lo que Sol necesitaba: conexión fluida de internet. Llegar hasta allí no es fácil: hay que hacerlo por la ruta provincial 1, un legendario camino de tierra que costea las vías abandonadas del ferrocarril, lleno de guadales y no siempre con el mejor mantenimiento. Pero la volutad de la joven era más fuerte que cualquier obstáculo. Llegó hasta allí y consiguió que en la Comisaría del lugar le presten una computadora y su conexión a internet. Con esa típica sangre santiagueña que no se amilana ante nada, Sol había comprometido su palabra y eso es cosa con la que no se juega. Los uniformados se mostraron predispuestos y trataron de briindarle todo lo que tenían a su alcance para que estuviera cómoda y al cabo de una horas "Administración I" era una materia más sorteada en el camino hacia su título.
Todo indicaba un final feliz para la jornada, pero cuando iba a emprender el regreso hacia Los Telares llegó la noticia de que su pueblo acababa de ser "cerrado". Las autoridades sanitarias habían descubierto un caso positivos de CoViD19 y decidieron que nadie entraría ni saldría del poblado hasta nuevo aviso. Esa es la metodología que emplea la provincia para limitar el crecimiento de su curva de contagios. Sol estaba aislada a 50 kilómetros de su casa, aunque la noticia no logró opacar la alegría de haber aprobado y de haber hecho lo correcto. Poco se sabe de cómo pasó los días de aislamiento lejos de su casa, pero cuando regresó la alegría fue doble: el deber cumpido y la satisfacción de volver a su pueblo natal.
Estas son las otras historia que deja la pandemia más cruel de las últimas décadas, las que hablan de valor, de compromiso, de esperanzas, de trabajo y de futuro. Las que se imponen al conteo diario de horrores con los que bombardea la TV porteña que ni siquiera registra estos casos.








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