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BUSTOS, LA COVID19, LOS KAMIKAZES Y LA BOMBA

  • Foto del escritor: Fernando Coronel
    Fernando Coronel
  • 3 sept 2020
  • 5 Min. de lectura

Poco antes de que concluyera la Segunda Guerra Mundial, los mandos estadounidenses veían con ojos azorados como los pilotos japoneses atacaban en abeja a sus transportes de tropas y portaviones, estrellándose y cumpliendo el mandato del código de honor samurái: morir matando. El efecto fue devastador para los americanos, pero mucho más para los nipones. Si en lugar de usar los principios milenarios del bushido hubieran usado la lógica, hubiesen comprendido que muy pronto se quedarían con una poderosa flota de aviones de última generación, fuertemente pertrechados, pero sin pilotos para operarlos. Era el comienzo del final del Imperio del Sol naciente que culminaría con los devastadores efectos de la bomba atómica. No es distante a lo que ocurre hoy en la silenciosa guerra que nos declaró la CoViD19 en el sur santafesino.

Ayer, en declaraciones a La 100Venado, el delegado regional del ministerio de Salud provincial, Dr. Pedro Bustos, confirmó el peor de los escenarios: “Están (los integrantes del COE santafesinos) muy preocupados por lo que está pasando. No tenemos más respiradores porque hay unos veinte (operativos) pero no hay personal para utilizarlos (...) Nosotros hicimos lo que había que hacer poniendo como objetivo el recurso material pero no se tuvo en cuenta el recurso humano”, dijo y dejó al desnudo la más cruel realidad. Las organizaciones internacionales (como la OMS y la OPS) vienen llamando la atención sobre este aspecto desde el verano (cuando el virus estallaba en Europa). El recurso humano es tan complejo y crucial como el recurso material, ninguno de los dos tiene sentido sin el otro. El problema es que, como en la historia de aquellos legendarios kamikazes, hay que tener en cuenta dos factores fundamentales a la hora de abordar la cuestión del personal especializado en un tiempo de ataque masivo: el tiempo de instrucción y formación de una conciencia heroica. En ese contexto, con la estrella de la infectología local (Miguel Pedrola) afectado por el virus, con Daniel Agostinelli (que ya tuvo que lidiar con una pandemia en 2009) virtualmente desparecido a pesar del rol protagónico que tuvo allá por marzo; sólo quedaba Bustos para hacerse cargo del estallido de la bomba… Y tuvo que actuar con la filosofía samurái o, por lo menos, moverse en esa delicada línea. Salir a confirmar que el sistema sanitario regional ya no puede dar respuesta al embate – que apenas está comenzando - de la CoViD19 es, acaso, el hecho más contundente de toda esta locura. En síntesis, un puñado de palabras que le devuelve a la ciudadanía la posibilidad de creerle a alguien y que, como efecto colateral, tira por tierra las banalidades de muchos discursos populistas, plenos de una superficialidad, de un narcisismo y de un individualismo que agota todo raciocinio y posibilidad de comprensión. Mientras la Municipalidad y la Provincia llevan cuentas distintas, mientras crece la sospecha de que los laboratorios privados informan según sus conveniencias, mientras la objetividad de las estadísticas cae herida de muerte en el fuego cruzado de intereses económicos y políticos, cuando más minada está la credibilidad de todos, incluso de los voceros; Bustos sale y dice la verdad: la batalla se terminó antes de comenzar y de la forma menos pensada, el tiempo se terminó, game over… El pediatra sabe que la bomba va a estallar, que es inevitable, mira a los costados y no hay nadie, por azar o no, como otras tantas veces, sabe se quedó solo en el medio de la peor batalla de su vida. Ojalá esta frase fuera metafórica, pero es real. Tal cual se lee.

Sin embargo, todo esto no es una novedad ni ocurre únicamente en Venado Tuerto. Lo que Bustos dice ya era sabido desde hace tiempo. La formación de profesionales de la salud tiene varias aristas. Una de ellas es la vocación, la otra la comodidad y la conveniencia. Los jóvenes preferían estudiar carreras menos complejas, más cortas, menos jugadas, menos sacrificada (¿para qué se iban a quemar las pestañas estudiando medicina o enfermería, si con un curso de marketing podían acceder al Parnaso del mundo político y, encima, ser de vanguardia?). En marzo nos mandaron a encierro para comprar tiempo, lo cual significaba ralentizar las curvas de contagios y aprovechar para construir hospitales, acondicionar lugares, adquirir insumos, preparar toda la infraestructura. No habremos sido un ejemplo, pero lo hicimos bastante bien, entre todos, en todos los lugares: allí está lo que hacía falta. Efectivamente compramos tiempo, pero lo que jamás podíamos hacer era volver el tiempo atrás. Formar un profesional en salud lleva muchísimo tiempo, eso es irreversible. ¿Se podría haber hecho algo? Si. La concejala Liliana Rostom venía pidiendo desde 2014 que la UNR habilite la carrera de enfermería y que la escuela de enfermería local sea reforzada: nadie la escuchó. ¿Se podría haber hecho algo más? Si. Se podría aprovechado este semestre para una formación básica de recursos humanos, a contrareloj, intensivo y sacrificado, como en toda guerra, y destinar ese personal a las tareas de menor complejidad para disponer de más personal experimentado en las áreas críticas. Pero la tortuga de la grandeza fue más rápida que los egos de quienes debían decidirlo. Y se les escapó la tortuga entre peleas domésticas, vanidades inútiles o inútiles vanidosos. Ahora es tarde: sabe Dios dónde andará esa tortuga…

¿Hay salidas? Si. La responsabilidad social genuina, meterse en casa voluntariamente, dejarse de joder con que en dos semanas estaremos más fundidos que ahora (desde hace seis meses que se agita ese discurso y la gran mayoría sigue viviendo con las restricciones naturales de cualquier guerra, pero vivos). El secretario de Salud del Gobierno de Venado Tuerto ya dijo hace una semana que “es un gran hospital la ciudad”. Bustos ahora dice claramente que “es desesperante, y esa desesperación se ve en los médicos y en la gente que tiene un familiar enfermo a quien no se lo reciben en ningún nosocomio (…) Hasta ahora veníamos bien pero no hay más capacidad de asistencia”. Si no se entiende que con eso están diciendo que si una persona se contagia y se complica va a morir sin asistencia, sin poder respirar, asfixiada, en la más absoluta soledad de su casa; ya no hay salida posible. Pero no sólo será el virus el responsable de semejante tragedia. La peor postal, la de España, la de Italia, la de varios países latinoamericanos; está a la vuelta de la semana. Hacer lo que corresponde es ahora, es hoy, es literalmente de vida o muerte.

Retomando y terminando: cuando el último kamikaze subió a su avión la suerte estaba echada. La bomba atómica estalló, el Imperio cayó y se rindió incondicionalmente, cada año se recuerda a las víctimas en un día arbitrariamente puesto en el calendario… El Imperio podría ser Venado Tuerto, los aviones que nunca despegaron podrían ser los respiradores que nunca se usarán porque no hay quien los maneje, la bomba, ya lo sabemos, es la CoViD19. No es complicado de entenderlo. Menos si en vez de pelear por Facebook se dedicara ese tiempo en leer y aprender de la Historia.

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